Te cuento de mi...
Toda mi vida en general fue muy bien pautada. En el colegio y en la universidad siempre tuve buenas calificaciones. Luego me titulé y salí al mundo laboral. Mis primeros trabajos fueron gratificantes pero agotadores, aun así, lo soporté convencida de que era la única manera de hacerme lugar en este mundo tan competitivo. De esta manera, estudié y trabajé, haciendo turnos eternos (como muchas personas que conozco).
El destino, sin embargo, planeaba algo más para mí y no fui advertida. Nunca imaginé perder a alguien en esta vida. Me había encerrado en mí misma y en mi futuro (o una expectativa de él), dejando de lado a quienes tenía junto a mí. En ese momento me di cuenta que no era la forma en la que quería vivir mi vida, envuelta en un trabajo y haciendo las cosas porque así deben ser. Mi primer cambio fue respetar mis horarios y días laborales, algo inédito para mí, separar mi vida personal de la laboral. Cuando nació mi hija mi forma de ver al mundo y a mí misma cambió nuevamente, comencé a desear ser mejor persona y ejercer mejor mis labores. Pasó un poco más de un año y nació mi segunda pequeña. Aquí la situación cambió radicalmente porque me di cuenta que no quise traer al mundo mis hijas para no verlas crecer, sino que quería estar en cada uno de sus pasos mientras me lo permitan y yo pueda hacerlo. Cuestioné mi vida, quién era, qué era lo que quería hacer y a qué dedicarme. Todo esto bajo los efectos de las hormonas propias de la maternidad, en un contexto de pandemia y cuarentena. Todo esto me motivó a crecer, pero esta vez desde mi interior. Comencé a leer sobre emprendimiento y crecimiento personal, y empecé a sintonizar con personas que estaban en la misma frecuencia. Aquí nace el deseo de tener mi propósito de vida. Y finalmente, luego de bucear por mi interior y entender que lo que realmente me mueve es motivar y apoyar a otros, decidí ser coach y expandir esta motivación y fuerza a todos los que me rodean.
💜 Mi camino recorrido me ha empoderado como nunca antes en mi vida me había sentido. Me enseño que la vida es muy corta para vivirla de una forma automática. Y que el primer paso para una vida plena es partir por mí.
Hoy miro hacia atrás y abrazo con ternura a esa versión mía que lo dio todo sin cuestionar, que cumplió con lo que se esperaba… incluso cuando su alma pedía otra cosa, ya no me muevo por exigencias externas, sino por propósito. Cada paso que doy desde ahí, aunque no sea perfecto, me hace sentir en casa conmigo misma.
Entendí que ser madre, ser mujer, ser profesional y ser libre no tienen por qué ser caminos separados.
Y que el verdadero éxito no está en lograr más, sino en vivirme más auténtica y presente.
Empieza por ti. Ámate primero. Todo lo demás florece desde ahí.
Te leo, te acompaño… y si quieres que exploremos juntas tu propósito, aquí estoy.



Comentarios
Publicar un comentario